cualidad poco cálida
interesarse por lo que uno no tiene
vía-de-mentira
hasta buscar el hartazgo
como el indiferente precio
y pagar con monedas los billetes de cien pesos
que se alquilan en la mesa
de los que pueden
degustarlos.
impresionarse sólo sin la ofrenda
y regalando algo tan caro por
alguna ofensa
entonces de nada sirve el golpe, la caída
más que para escaparse
del estar parado
/acostado/
rehabituado
al típico mar de respuestas