sin intención de mancharme
o de tirarme café en la ropa
acaso me pasó de encontrar
entre dos puntos
un gesto tuyo con el codo
como un equilátero de la matemática
del que tiré tan bien que los fantasmas
de residuos fueron llenando mi cara
y tocí todas las montañas de aceite
para relucir tan sucia
entre su basura
que brillaba