el poeta subido al caballo de vidente
para guardar su testimonio con escritos
documentando como un funcionario
con el importe de la perspectiva histórica
más iva en el ardor del hedonismo
con la creencia de una fama a largo plazo
que en resumen nadie va a saber si ganó
contra la vida, siendo la pesadilla
de saber que lo peor que le puede pasar
es el premio de estar vivo, y de no saber manejarlo
por encima del suelo que está rocoso y roto
con el mérito del labor nunca determinado