nombro un edificio
de las personalidades
con la cortesía de mi sangre
tendría un portero, un buen trabajador
samaritano en la primer planta, un viejo ebrio
destruído en la segunda, una familia peronista
italiana en la tercera, imaginate al gordo con la panza al aire
y la familia a la que sustentar, después está el obrero explotado
en el quinto, con una familia también, sin poder pagar el alquiler
la prostituta estaría en el sexto piso, visitando persistente al escritor del
octavo, que es viejo y ebrio también, pero que por lo menos hace algo
después está el depresivo en el noveno piso, compartiendo departamento
con un enfermo de la felicidad, un positivista que hace reiki,y en el piso diez me queda
un hippie con invitados, amigos con un dejo de punk, que a veces hacen pogo, y le sacan tierra
al edificio