entré a la lencería con un libro
de trescientas páginas en la mano
y un porte francés delicado
había visto un corpiño de animal print
marrón con negro en la vidriera
las mujeres revolvían las canastas del outlet
las bombachas y las mayas
en cubículos separados
en una especie de estatuilla
imitación de un torso femenino
estaba el corpiño que desde la ventana
dejaba ver el precio colgando de una tira
setenta y siete pesos
las vendedoras paseaban por el local
y hablaban entre ellas
abrí el libro en la mitad y leí una estrofa
con la intención de hacer algo
mientras, levantaba la vista
para mirar los torsos
los pijamas colgados en perchas
las viejas de confitería comprando ropa interior
que no iban a usar
una señora grande y de tamaño masterizado
se acomoda al lado mío de espaldas
tapando a las vendedoras y la cajera
en un segundo desabrocho el corpiño
y lo meto en el tomo gigante
del libro
salgo entonces apurada y cierro la puerta
ocultando los colores serpenteados
con mis brazos y mi torso
intento cruzar la calle
con un delito eufórico
una mujer me toca bocina desde su auto
me impide pasar me paraliza
y mi mano suelta la página enganchada
el corpiño dispara al suelo
lo levanto
todavía tenía la etiqueta
que informaba setenta y siete pesos
la vendedora sale del local
me pregunta qué hago
y corro
sin el corpiño pero con el libro
por la diagonal que supo que perdí ropa interior