la culpa quedate en vocativo cuando te despiertes
te sientas encima de otro gusano sin casino en el que perder
o pantuflas por lo menos con las que caminar mientras tanto
en el frío parqué de tu remunerable cuarto
cuando los cabellos rubios se deshidraten
y la felpa la tengas en la lengua
cuando pasa tu saliva interrumpida presionada
y como un topo te vuelvas a tu casa, paranoico, mirando a los costados
para ver si no pasa un carrusel o una limusina teletransportante
por la que te vuelvas a bailar a casa disimulado
sin necesitar el documento o sacar la dentadura afuera