Veo cómo se me van a pasar los años imaginando una pirámide. En la parte superior de la pirámide, en la azotea del radio jerárquico, una corona de papel aluminio. Vuelvo a la infancia con el esfuerzo de un centímetro, por una palabra carente que representa el hueso del jurásico.
-El pedacito del mantel después de cenar se apresaba en el cajón para que dure.
La memoria se me acerca igual que un dinosaurio, sigo esperando la explosión definitiva del planeta para que se extinga, y no drogue más los momentos, y la perspectiva.
El presente me estimula, me considero un boy scout sin traje ni conocimiento de causa. Me afecta tener poca concentración, no puedo pensar en el tiempo futuro, sin el pasado y sin el presente.
La juventud me lanza zarpazos. Como niño explorador del mundo, busco igualarme donde mi oración cumple, en partes fundamentales, el desvarío. Nací en una casa, en la casa, eso es necesario decir.
Un encierro. Temo escribir con el auto andante, que la letra no se entienda. El miedo es el meteorito de todo. Mientras me traslado en auto, siento empatía por las manchas que se dibujan a partir de las gotas de lluvia, desde la ventana desbordan mi mano, danzarinas.
Mi lepra es consecuente e individualista, sólo puede compartir su estado con el texto.