El gato en el veterinario
es una carrera de autos que se escapa
el instinto salvaje se le impregna
en la tos en los pelos
en la vejiga
inyección en el lomo
en la diagonal de la aguja,
la garra
me pregunto cuántos murieron
más de una vez antes de su muerte definitiva
y lo hicieron otra vez solos
pero resucitaron con el sentimiento
hecho una llaga
lo leo en los ojos de mi gato adorado por los egipcios
si el sentimiento genera dependencia
no lo llames, aunque no puedas ahorcarlo
dejalo colgado como un póster en la pared, olvidate de que está ahí
miralo cada tanto pero no te lo lleves
cuando vayas a pasear por la casa
con los bigotes puestos de un asesino a sueldo
que tiene anteojos
y el culo de botella se te rompa
en el pogo del dios que no te salva
en el pogo eufórico de la cabeza
una burbuja plateada
hecha de un material concreto
de diseño
el corredor de autos de antes
se alucina con la pista de la compañía
 y deja entrar un poco de luz por un agujero
ese que sabe cuándo aceptar el castigo
del que se conforma con la veterinaria
y apuesta dos o tres inyecciones a la salud
a lo que practica por encima
de su bigote