Patrañas. Soy la reina de la exageración y qué sería de mí si no la tuviera lista para atacar conmigo. Me volvería verde. Entonces escucho y escucho, me hacés sentir mal con vos misma repetía gruñendo una vieja de aspecto pálido con una bolsa cargada en la mano, sin entenderla, y sosteniéndola todavía. Sabía que tenía la mente sana, y alardeaba sobre el hecho, la mostraba como sacudiéndola, orgullosa y sabia de repente. Un capricho conservarla, dijimos, marfil y mármol están mirando lo mugriento del piso porteño. Ir caminando descalza te llena el humo de naríz, podrías hasta contagiarte de pies los hongos. Asíque la normalidad prefiere a la gente. Y la gente a la normalidad. Viceversa y verso, los abajo votantes declarando que la selva de no guardar la ginebra mató a luca. Ahora la otra, queriendo decir, la llave de la felicidad es la llave de gas, si tuviera un taller no tendría que arreglar las cosas. Y un ladrido de perro la despierta y sube hasta el techo de la pieza. Yo estoy arriba en mi balcón pero parece que nada cambia. La gente que se dice te quiero mirándose a los ojos desaparece atravesando un espejo. Ya nada será prehistoria. Adiós, verdad, que no estoy rica porque yo no soy comestible. Sin saber porqué, ni de la naturaleza de esa frase me encontré exclamando la mentira de pensar: La navidad te salvará de Judas. Hice un trato amargo con un ser color rojo que no fue nombrado, y me venció. Me tiró espinas intentando que me entraran en los ojos. Rosas caídas, cientos de pétalos en la boca de un gigante obeso. Me dejó espantada. Respirando. Me subió la ropa hasta el torso, como lo más incómodo. Encerrada en telas, me amó solamente desde el suelo. Sentado. Se trataba de que no quise que me cuentes las palabras que más decís. No sé cómo las decís. No quiero saber cómo las decís. Pronunciá escupitajo pero no lo hagas. No lo hagas. Usame al mejor costo porque las cosas que necesitás para vivir son solamente basura. Empecemos a reciclar los daños con trajes puestos encima. Vos nunca le sonrías a las cámaras. Nunca, a las cámaras de la pared. Dejame figurando en la imagen, guardame en un fotograma por segundo durante una hora, pero no voy a sonreír.
Mi boca bosteza y mi cuerpo no. Mi cuerpo se cae, no tiene fuerza. Superman me odia. Quiero que estés cerca o me calles los rechinosos dientes. Me dije que no sería jamás uniformada, médica, pediatra. Menos abogada, menos que menos ahogada de crimen. Creo que quienes ejercen esas carreras tan serias y dibujadas tienen miedo, y un complejo de inferioridad con su falta explorativa del mundo, necesitando la seguridad del papel y el diploma, la certeza de lo hecho correctamente. Concretamente, yo quiero recortarnos a todos para que se tiren de cabeza en la laguna del dejar que pase y pisar los límites de lo debido. Apagar el cigarrillo en esa raya divisoria. Paranoica e imaginaria. Sin flechar. Al márgen del diálogo. Envasada como producto. Generalizada difícil. Estigmatizada débil. Bufón de entradas. Opcion vieja. Gastada. Pero basta, los suspiros son el nuevo ingrediente picante del bostezo.