Una tiene que bostezar y patalear para maniobrar a los enciclopedistas. Se equivocan, hacer apuntes también es dibujar. Yo soy mi editor, ¿y qué con el mercado?, yo me oferto y me demando. Todo bajo mi cuenta, mi salario. Díganme yo. Vos. Nada de ideales, odia las introducciones. Su deber es lamer botas. Mi entusiasmo es que queden relucientes, las lustro y me pagan. Su vida se reduce a eso, la pobre es triste. Nada, me encanta lo que hago. Duermo poco y vivo mucho. Duerme mucho y vive poco. Vivan los zapatos a la mañana haciendo ruido en el asfalto, y la gente apurada por llegar a su lugar de hábito para poder comprar comida intoxicada de supermercado. Los que se pueden sentar en el asiento del micro, los que te lo piden con los ojos son viejos o madres. Los que tienen que resistir el sol durante horas, los que miran feo, con la ceja fruncida. Los que ponen cumbia, el tipo que pasa con los volantes anti-droga. Los mareados. Los borrachos y las putas de la noche anterior (nunca aparecen a la mañana). No los extraño. Veo los rastros como botellas de vidrio, o me los imagino. Los barbudos pelados, nunca sobran, pero intervienen. No quieren pensar nada más parece. Los politi-quitos. Las brujas bien vestidas con caras de rata. Los árboles, los muchos edificios, la gente que se pega a la escalera caracol. Yo. Vos. Hambre grande. Vos. Yo. Vos. Me ganaste. Yo. Te gané. Y pum. Vos y yo. Ganamos.