un virus, el discurso indirecto libre, yo no le creo al éxito del wikipedia de la memoria
afirmaciones pequeñas que funcionan como propia ayuda, de no oler a ayer a la noche, a leche vencida
van a venir otros idealizados, con los ojos celestes un simulado redondo lleno de agua
los ojos comos dos asteriscos, insoportables, que no llaman por teléfono,
no suenan pero puede ser que vengan extasiados, con la naríz enorme y alargada
con la expresión de superdotados, de prodigios, y no como un defecto, ni en posición de ataque
sólo matemáticamente se confirma, no juego con el equipo, lo que no se sabe todavía es si la desilusión
los va a comer como alimentos perecederos, si van a meterse los anotadores en el culo, si sus poesías van a ser subastadas
en la sociedad de los ingeniosos, en la métrica de los superpoderosos, mirá fellini, me dice mi mamá, mientras cocina tartas dulces
la casa huele a horno y al canal europa europa, una tonalidad italiana, de inmigrante, casi me vuelvo ghost la sombra del amor
para no fijarme en la conversación que cierra en el subtítulo, las baterías de un reloj de arena, ah, lo que no existe
necesito bañarme, recordar el shampoo, la crema enjuague, empezar a imaginar acostumbrarme a aceptar
que significa mucho más decir de a poco un fuego lento que jugar con tizas en un pizarrón verde recibido doctor en porquería
y el aro de oro de mi bisabuela bruja, no de mala sino de perceptiva, mi bisabuela con su escoba que viene volando para saludarme
desde el inframundo y me pone el aro en la oreja me dice mirá nena la tarta de tu mamá también te la voy a poner en la oreja
ya la tenía en la oreja la estaba escuchando le dije tiene olor a azúcar y a esfuerzo, a derrota también y seguro se saborea como la desgracia
ella me dice que no puede oler a tantas cosas y que las tartas no se escuchan porque no tienen corazón ni sangre
peleamos intentando determinar los ingredientes, labu desaparece con la escoba, sigo en mi cuarto, tipeo, me desparramo en la cama y agarro una porción
la tarta estaba hecha de papel, un montón de papel reciclado, cientos de tiras blancas como fideos largos y dulces, ¿dulces?
sí, porque lo que necesito es definir el gusto de absolutamente todo, delimitar la realidad y empezar a menospreciar el bipartismo de las papilas gustativas, de la relatividad de la selva amazónica, por algo se empieza ojos de saltamonte, sapo cromático farandulero, llenalo de papel y todo es tibio