nunca debí burlarme de los miedos que tenía cuando era una nena chica
la imagen del fantasma abajo de la cama esperando para salir entornando su cabeza cerca
respirando raro para que lo perciban
o acostado al lado plácidamente con expresión de cosa rota
o la situación en que mientras estaba en la bañera se aparecía de un segundo al otro
atrás de la cortina de baño
o de la espalda
escondido con un arma marginal y despedazada adentro del ropero
tenerle horror a las sombras proyectadas
a cualquier cuarto o pasillo oscuro
a una casa solitaria
a una cena solitaria
al vacío
y el susto de la víctima cuando se escucha la música incisiva del paseo asesinado de gusto
en la butaca memorable que tiene como escenario
un escalofrío que no explica lo ausente